lunes, 25 de julio de 2016

COMUNICADO: VI Edición Concurso Literario H.P.Lovecraft

COMUNICADO ASOCIACIÓN OCEN: 
Fallo del VI Concurso Literario H.P. Lovecraft

El día 23 de julio de 2016, dentro de las actividades que Asociación OCEN realizó en el certamen se procedió al anuncio del fallo de la VI Edición del Concurso Literario H.P. Lovecraft. Por motivos organizativos, no pudo darse en la charla en la que estaba prevista pero para despejar todas las dudas ofrecemos el presente comunicado.

Tras deliberar el jurado y la organización se ha decidido declarar desierto el concurso al no haber alcanzado un número mínimo de relatos como para poder proceder a juzgar. Entiendo esto y atendiendo a las bases del concurso, declaramos pues desierta la edición. Ante cualquier duda, pueden dirigir un correo electrónico a la dirección: asociacionocen@gmail.com

Muchas gracias.

Atentamente


Miguel Martínez Suárez
Presidente de Asociación Cultural OCEN

martes, 29 de marzo de 2016

Bases del VI Concurso literario H.P.Lovecraft (edición 2016)

Bases del VI Concurso literario H.P. Lovecraft
(Edición 2016)

La Asociación Cultural OCEN convoca el VI Concurso Literario H. P. Lovecraft, que se integrará en el festival Celsius 232. Para él se determinan las siguientes bases:

1. Podrán participar todas aquellas personas que lo deseen, sea cual sea su nacionalidad, siempre que residan en el territorio español. Quedan excluidos los ganadores de ediciones anteriores.

2. Los relatos deberán estar escritos en castellano, ser originales y no haber sido premiados en ningún otro concurso literario. Si en el transcurso de la convocatoria y antes del fallo, alguna obra ha resultado vencedora en otro concurso, el autor está obligado a comunicárselo a los organizadores del Concurso Literario H.P. Lovecraft.

3. Se establecen dos categorías, cada una con un único premio:
  • Juvenil, en la que se incluirán los autores cuya edad quede comprendida entre los 16 y los 25 años (ambos inclusive). Premio: 100 €.
  • Sénior, en la que se incluirán los autores cuya edad supere los 25 años. Premio: 200 €.
4. La temática girará en torno al horror, suspense, ciencia-ficción o fantasía.

5. Cada autor podrá participar con un máximo de dos obras. Los originales tendrán una extensión mínima de 4 páginas y máxima de 12, numeradas, impresas por una sola cara y mecanografiadas a fuente Times New Roman de 12 puntos. El interli-neado será doble y los márgenes estándar.

6. Los relatos deberán estar firmados bajo pseudónimo. Se enviarán en un sobre grande cerrado y dentro de este constará también uno más pequeño donde se introducirán los datos del autor: fotocopia del DNI, nombre y apellidos, dirección, teléfono de contacto y un breve currículo. Las plicas solo serán abiertas cuando el Jurado haya decidido los ganadores de cada categoría, nunca antes.

7. Las obras se enviarán, por quintuplicado, a la siguiente dirección:


Apartado de correos: 1
Código Postal: 33600 - Mieres (Asturias)


8. Una vez terminado el plazo, los originales no premiados se destruirán.

9. Los autores premiados se comprometen a entregar su obra en soporte informático una vez hecho público el fallo del concurso.

10. El plazo de entrega de trabajos finalizará el día 15 de junio de 2016, aceptándose como válidos aquellos envíos cuyo matasellos indiquen una fecha dentro del plazo.

11. La asociación organizadora podrá disponer de los derechos de publicación de los relatos premiados durante dos años, siempre citando la autoría correspondiente.

12. El Jurado, cuya composición se hará pública después del fallo, estará formado por personas de reconocido prestigio cultural, filólogos y miembros de la Asociación Ocen. El Jurado proclamará al vencedor de cada categoría durante el III Celsius 232. Para poder recibir su premio, los ganadores están obligados a asistir, por sí mismos o representados, al acto de entrega de premios, que se anunciará en el programa del mencionado festival.

13. El fallo del jurado es inapelable. Asimismo, podrá descalificar cualquier relato que incumpla las presentes bases o cuya identificación sea falsa.

14. El Jurado podrá declarar desierto el premio si considera que ninguna de las obras reúne la calidad suficiente para optar a él o si no se recibe un número mínimo de relatos como para poder realizar un concurso justo.

15. De acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de Carácter Personal, se informa a los participantes de que los datos recibidos serán incluidos en un fichero cuya única finalidad es la gestión de la participación en el Concurso. Asimismo, los ganadores consienten que sus datos de identidad y premio percibido puedan ser objeto de difusión pública. Los participantes podrán ejercer sus derechos dirigiéndose a la asociación organizadora.

16. La participación en este Concurso supone la plena y total aceptación de las presentes bases y hace responsable a cada concursante de la autoría y original de las obras presentadas.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Relato ganador de la categoría juvenil del V Concurso Literario H. P. Lovecraft: "Sombras", de Víctor González

SOMBRAS - Víctor González

—¡Aquí, es aquí! No te quedes ahí parado, entra ya. Conseguirás que alguien nos vea.
—Tienes razón, el mejor lugar para salir un sábado por la noche es cerca del viejo manicomio abandonado de Greenfield, seguro que nos ve alguien.
—Estamos nosotros, ¿quién te dice que somos los únicos que hemos tenido la idea de venir?
—Sinceramente, ¿crees que hay chavales que estén tan mal como para venir aquí? ¿Después de todas las desapariciones?
—Precisamente, piensa en cuántos querrán llevarse la fama por destapar el misterio. Ni siquiera papá, bueno, el sheriff ha descubierto qué está pasando.
—Creo que sólo tú… bueno y yo, no tenía mejores cosas que hacer.
—Anda cierra el pico y entra de una maldita vez. Cuidado con la puerta, parece un gato aullando de dolor cuando se mueve.
—Quizás sea eso… el fantasma de un gato —digo entre risas. Mi hermano también se ríe.
—Teníamos que haber traído al perro fantasma de esa película… Pesadilla antes de… ¿Pascua? ¿Acción de gracias? No lo recuerdo… Bueno en cualquier caso nos ayudaría con el gato fantasma —mi compañero se ríe a carcajada limpia. Menos mal que no debíamos hacer ruido.

La puerta está oxidada, si alguna vez tuvo un brillo metálico debió de ser hace siglos. La hierba del jardín está descuidada, ¡es casi tan alta como yo! Bueno, para qué mentir, es más alta que yo.
Llegamos a la entrada del edificio. La fachada está llena de enredaderas y no creo que haya ni una sola ventana con el cristal entero, en la mayoría solo queda el hueco y las rendijas. La puerta está cerrada pero conseguimos abrirla, hace un ruido escalofriante, parece una niña gritando… prefiero al gato fantasma.

—Supongo que esta sala será la recepción, deberían llamar al servicio de limpieza. 
—No tiene gracia, aquí ha muerto gente y ahora está desapareciendo en los alrededores.
—Bueno… solo quería relajar un poco la tensión. Mira que eres pesimista cuando quieres. Enciende ya la linterna, que no veo nada.

Enciendo la linterna, delante tengo a mi hermano, él también enciende la suya.
 
—¿Quieres ir a ver el ala infantil? Allí es donde deberías estar tú —me dice entre risas. A mí no me hace gracia, sé que de los dos él es el que está zumbado.
—Vamos, así de paso podremos ver si tiene plazas para ti.

Ay, si las miradas matasen… yo ya habría caído fulminado con la de mi hermano.
Vamos por un pasillo estrecho. Las paredes están llenas de humedades y descoloridas. Las puertas a los lados del pasillo están casi todas cerradas. Al fin llegamos a una puerta que trae “Pediatría”, o eso supongo porque el cartel está consumido por la humedad.

En las paredes de las habitaciones hay dibujos. Algunos son de familias cogidas de la mano, una casita en el campo o algo parecido. Pero otros son más escalofriantes, personas perseguidas por lo que parecen ser manos que salen de las sombras.

—Y, ¿aquí había niños?
—Claro que había niños, la locura no entiende de edades.
—No creo que estuvieran locos… Solo creo que sus padres no supieron ver sus miedos, su forma de ser, su sufrimiento.
—¿Dices eso por papá y mamá? Sabes que lo de Lili no fue culpa suya… Ella había sufrido mucho…
—Aún recuerdo los titulares, “Lili Williams, hija del sheriff, encontrada muerta”.
—Ella murió…
—¡No! Llama las cosas por su nombre, se suicidó. Sabíamos lo mucho que ella sufría por todo: cada vez que veía que papá y mamá se peleaban, en el colegio todos se metían con ella, si no íbamos nosotros con ella estaba sola… Lo peor fue lo de aquel chico, se la llevó al bosque y allí… ya sabes lo que le hicieron él y sus amigos… ¡Le hicieron lo que no debe hacerse a ningún ser humano! Después de aquello dejó de comer, de hablar, hasta que finalmente ya no pudo más… papá y mamá no nos escucharon y mira como acabó, cortándose las venas en los vestuarios del instituto.  
—No quiero hablar de ello…
—Tú nunca has querido hablar de ello y menos desde que papá y mamá se separaron, nos separaron. ¡Ni siquiera pudimos ver su cuerpo! No pude despedirme de ella…
—Yo tampoco…

El silencio que se formó era escalofriante. Solo se rompió por el crujido de la madera de… espera… aquí no hay nada de madera. Miro hacia atrás, está oscuro, ni siquiera la linterna es capaz de alumbrar tal oscuridad. Hay algo ahí. Aparto la luz de la linterna y la oscuridad se vuelve más negra si eso es posible. Veo algo, dos luces… no, no puede ser… parpadean ¡son dos ojos!

—¡Corre! ¡Corre!

Mi hermano comienza a correr detrás de mí. Esos ojos siguen ahí, casi sin parpadear, mirándome… Seguimos corriendo, esos ojos parecen cada vez más cercanos. Giramos a la izquierda para entrar en una habitación. Oigo un zumbido, como cuando se corta el aire con un palo. Cerramos la puerta detrás de nosotros y nos ponemos detrás de ella para bloquearla. Apagamos las linternas. La oscuridad es absoluta. De repente, esos dos ojos aparecen delante de nosotros, nos miran pero no nos ven. Se van. Entonces me doy cuenta de que tenemos delante un espejo, eran el reflejo de los ojos al pasar por el cristal de la puerta.
Nos levantamos, el suelo está extraño.

—¿No se te pegan los pies al suelo? Parece que esté pisando chicle.

Enciendo la linterna y apunto al suelo, está rojo, no puede ser… ¿sangre?

—Me temo que va a ser mía —me dice mi hermano.

Lo miro, tiene una herida en el costado, la marca de un zarpazo. Como si le hubiera dado un oso. Pongo la mano, las cuatro marcas coinciden con mis dedos. Esa cosa tiene las manos de un humano.

—¡Vámonos de aquí, necesitamos que te vea un médico o te vas a desangrar!
—Pero esa cosa… está… —no termina la frase, empieza a toser sangre.
—Venga, me da igual lo que haya ahí, eres mi hermano, mi hermano gemelo. No puedo verte sufrir.
—Sentimental… —dice riendo—. Al menos podremos decir que hemos resuelto el misterio de las desapariciones, aunque supongo que ya no las debemos llamar así…

Abro la puerta con mi hermano apoyado en el hombro, miro antes de salir por si eso sigue cerca, no veo nada, así que empezamos a andar de vuelta a la entrada lo más rápido que podemos.
Llegamos, la puerta está más negra y está bloqueada por algo ¡no podemos abrir! Es como si las sombras la mantuvieran cerrada. No hay ventanas en esta planta por las que escapar y las de las plantas superiores tienen barrotes, además… no creo que mi hermano pudiera soportar la caída. Tengo que encontrar otra salida.

—Retrocedamos…

Mi hermano asiente con las pocas fuerzas que le quedan.

—Mejor será ir por el lado contrario a donde se ha dirigido esa cosa.

Vamos por un camino distinto, las paredes están llenas de zarpazos. Espero que sean de hace tiempo… Llegamos hasta un rótulo que pone enfermería.

—Reza porque todavía queden cosas útiles, al menos podremos limpiarte la herida.
Entramos y voy directo al botiquín, mi hermano se sienta en una silla mientras busco vendas y un poco de alcohol. ¡Afortunadamente hay ambas cosas!
—Ahora no te quejes —le echo el alcohol sobre las heridas.

Qué extraño. Parecen más oscuras y menos profundas. ¿Se estarán curando?

—Esto me recuerda cuando éramos pequeños y jugabas a ser médico.
—Cállate —le digo con una sonrisa–. Levántate la camiseta hasta arriba, tengo que vendarte la herida.

Se la vendo, pero las vendas no se manchan del rojo de la sangre, sino de un líquido negro. Y mi hermano no se pone pálido por la pérdida de sangre, de hecho, su piel se ha oscurecido.
Oigo unos crujidos cerca, como la última vez. Esa cosa se está acercando y mi hermano no se puede mover muy rápido, debemos irnos cuanto antes.

—¡Levántate, tenemos que irnos!

Se levanta todo lo rápido que puede y echamos a correr, mientras esa cosa nos pisa los talones. Lo agarro de la mano para que pueda seguir mi ritmo. Siento su aliento gélido en la nuca, su mirada penetrante puesta en mi espalda, oigo como rasga las paredes con sus garras, ese chillido incesante que produce escalofríos. No puedo mirar atrás, el miedo supera a mi curiosidad por saber qué es lo que nos está persiguiendo.
Veo algo al final del pasillo, parece... ¡es una salida!

—¡Corre hermano! ¡Ya estamos cerca!

No obtengo respuesta. Ya no siento la mano de mi hermano agarrando la mía. No… no… miro atrás y está ahí, tendido en el suelo, mirándome. Está justo en el borde entre las sombras del pasillo y la luz de mi linterna.

Esos ojos brillantes en mitad de las sombras me miran, son expresivos y casi parece que estén disfrutando de la escena. Pero tienen algo distinto, casi parecen... humanos. Miro otra vez a mi hermano, sus ojos están vacíos, en blanco. Creo que quiere decirme algo, pero no consigue articular palabra. Empieza a llorar.
Apunto hacia la oscuridad del pasillo pero este no se ilumina, solo puedo ver los pies de mi hermano y como algo tira de ellos hacia atrás. Me lanzó a por él para ayudarlo, le cojo de la mano pero esa cosa está tirando de él con fuerza. Sigo tirando y parece que está cediendo, pero no… no… ¡a mi hermano se le ha desprendido la mano!

Ha salido disparado, sus ojos se apagaron en cuanto entraron en la oscuridad. Su mano  se ha deshecho a los pocos segundos de separarse. Ahora solo una sustancia negra cubre mi mano. Yo me he caído al suelo, no sé si del impulso o porque ya no quiero continuar más, mi hermano ya no está, no volveré a verlo…
Debo salir y buscar ayuda. La salida está cerca. Casi no puedo ni andar. Las lágrimas me nublan la vista. La salida parece que cada vez está más cerca. No… no… ¡no es una salida! Es solo otra puerta a otra ala del maldito manicomio. Escrito en la puerta trae “Cuando la locura se manifiesta en el exterior” y, sobre ella, “Cuidados intensivos”. Supongo que aquí estaban los más difíciles. Sonrío al acordarme de los comentarios de mi hermano de que yo debería estar aquí. ¡Maldita sea! No tendríamos que haber venido…

Este pasillo es distinto, no tiene puertas a los lados. En lugar de habitaciones solo hay camillas de hospital. Y sobre ellas… cadáveres, eso deben de ser cadáveres. Pero son extraños. Algunos no tienen brazos ni piernas mientras que a otros les sobran. Otros son deformes, con sus cuerpos doblados en ángulos grotescos. Algunos tienen garras en lugar de manos y no tienen dientes, sino colmillos que sobresalen por lo que parece ser una boca que alguien ha cosido.

Avanzo por el pasillo, tengo la sensación de que cada vez que dejo atrás a una de esas cosas, estas fijan sus ojos en mí. Sigo avanzando por este pasillo de los horrores. Por fin llego al final. Otra puerta que trae… ¿Pediatría? He vuelto. Entro, pero esta vez parece distinto. No hay pasillo, solo una gran habitación oscura, es como si devorara la luz de mi linterna. Oigo un crujir delante de mí… Esos ojos mirándome, me observan. Pero esta vez no son dos, son cuatro. Me observan pero no se acercan.

—Bienvenido —oigo a una voz delante de mí, pero sigo sin ver nada—. Espero que no te hayan tratado mal.

Una luz roja se enciende y delante de mí hay una chica, tiene el pelo negro cubriéndole la cara y lleva un camisón blanco manchado con… no sé qué es pero parece sangre. Se aparta el pelo de la cara. Es imposible.

—¿Li…? ¿Lili? ¿Eres tú?

Tiene la misma cara que mi hermana.

—Pues claro que… no —se empieza a reír—. Creía que sería gracioso ponerme su cara para hablar contigo, ¿no te parece gracioso? Porque a mí me lo parece ­—se sigue riendo.
—¡No! ¡Es cruel! Además… es imposible. ¿Cómo puedes tener su cara?
—Esto es lo que pasa cuando una niña se cría en un manicomio, con una mamá psiquiatra que no para de hablarte de la locura de sus pacientes y con un papá cirujano al que le gusta hacer experimentos con los pacientes de su mujer y también… con su hija.

Es perturbador, todo esto lo dice con una sonrisa y poniendo una voz tierna que hace juego con la expresión tierna de su cara.

—No… no lo entiendo. ¡Sigo sin entender cómo puedes tener la cara de mi hermana!
—Verás… La locura es una enfermedad más. Si te ves expuesto mucho a ella bueno pues… te contagias. Quien sabe, puede que no tenga realmente la cara de tu hermana, puede que te hayas vuelto loco —empieza a reírse a carcajada limpia.

Detrás de la chica aparece alguien, creía que solo era una sombra. Pero no es una sombra, es… es… ¡Es mi hermano!

—¡Ven, ven conmigo! ¿Qué haces ahí? ¡Corre! ¡Hermano, ven!
—No  ­—responde tajantemente—. Y no me llames hermano, me repugnas.
—¿Perdón? ¿Cómo lo has llamado? ¿Hermano? Perdona que me ría. Oh espera, es cierto... tiene el aspecto de tu hermano, tu aspecto.
—¿Qué quieres decir?
—¿No te resultó extraño que las heridas de tu hermano se volvieran cada vez más oscuras y sus ojos más brillantes... mientras que la sombra que os perseguía se volvía más humana?
—No... No... No estarás diciendo lo que creo que estás diciendo...
—Eso mismo, ¿ves esa sombra que tienes a tu izquierda, esos dos grandes ojazos brillantes? Dile hola a tu hermano.

Miro a mi izquierda y veo dos ojos brillantes en medio de la oscuridad, ni siquiera esa luz roja puede iluminarlo. Entonces se mueven... y salen a la luz. Una extraña criatura,  con el cuerpo de una persona pero con unos brazos tan largos que se curvan hacia arriba para acabar apoyando unas enormes garras en el suelo. No tiene cabeza, de donde debería salir el cuello están esos dos ojos, observándome. Y si tiene boca no la veo. No parece estar hecho de nada, parece hecho de... oscuridad. Se acerca a mí y yo retrocedo.

—¿Qué te pasa? Cualquiera diría que tienes miedo de tu propio hermano —dice esa cosa que tiene la cara de mi hermano.
—Si esa cosa, ese monstruo es mi hermano... ¿quién es el otro?
—Oh, ese. Bueno, ese es mi hermano —dice ese monstruo mientras sonríe con el rostro de mi hermano—. Y, entre tú y yo, está deseando parecer humano y salir de aquí.

Antes de que termine la frase esa cosa se abalanza sobre mí y me da un zarpazo en el brazo. Me duele, me duele muchísimo. Siento cómo se me nubla la vista mientras esa chica se me acerca y me da un beso en la frente.

—Gracias, muchas gracias por darles a mis hijos esta oportunidad.
—¿Tus hijos?
—Las sombras. Nacieron deformes por los experimentos de mi padre. Pero ahora su aspecto es normal. De una persona normal. Podrán tener una vida.
—Supongo que... después de todo no eres un monstruo, solo una madre preocupada por sus hijos.
—Verás, algo que deberías saber es... que los monstruos no nacen, se hacen. Y no existen los monstruos, solo personas que se comportan como tal. Cuando vuestro padre venga a buscaros lo entenderéis.
—Somos sombras ahora. Ya no vendrá a por nosotros, sino a por tus hijos, creerá que somos nosotros. Además, ¿por qué vendría a buscarnos aquí?
No aguantaré mucho más, el dolor es tan fuerte que me voy a desmayar en cualquier instante.
—Tu hermano dejó una nota diciendo a dónde ibais. Seguro que mi hermano mayor la encuentra. Siempre fue muy observador.
—Tu... ¿Tu hermano?
—Así es. Puedes llamarme tía Lilith, le pusieron el nombre a tu hermana, Lili, en mi honor. Tu padre, mi hermano, tuvo la suerte de nacer primero y hombre… no sufrió los experimentos de mis padres, sus padres, tus abuelos. Pero siempre se sintió culpable por no poder ayudarme, todavía se siente en deuda conmigo y creo que si cuida de mis hijos esa deuda quedará saldada.
—Y, ¿por qué nosotros? Ha desaparecido mucha gente ¿por qué nosotros?
—Sois los primeros que sobreviven al proceso, ojalá fueran otros los que estuvieran aquí...

Finalmente me desmayo, pierdo el conocimiento mientras vuelvo a escuchar la palabra “gracias”.

Me despierto, no me duele nada. Frente a mí está mi hermano, mirándome y sonriéndome. Espero que sea mi auténtico hermano.

—¿Eres…? ­—se abalanza sobre mí y me abraza.
—Claro que soy yo —rompemos los dos a llorar por la alegría.
—Mírate, míranos. Somos normales.
—En cuanto a eso... mírate en ese espejo.

Me acerco a él y lo que veo no somos yo ni mi hermano, sino esas grotescas criaturas, imitando nuestros movimientos. Somos nosotros.

—Vamos a la salida. Tenemos que irnos.

Antes de que mi hermano reaccione me dirijo corriendo a la salida. Él va detrás de mí. Antes de llegar a la salida, al final del pasillo, veo la puerta abierta. La luz entra por ella y veo tres siluetas.

—Párate —me dice mi hermano—. No tienes por qué ver esto.
—Ver ¿ver el qué?

Miro más detenidamente y lo que veo son a esas dos criaturas con nuestras caras y a... a nuestro padre.

—¡Papá! ¡Papá! —grito—. Esos no somos nosotros... —empiezo a llorar.

Papá mira hacia nosotros y dice algo... Cierra las puertas y se va.


El Sheriff Williams está frente a sus hijos.

—Vámonos, vámonos a casa.
—¡Sí, papá! —responden los dos al unísono con una enorme sonrisa en la cara.

El sheriff echa un último vistazo a aquel pasillo donde antaño trabajaron sus propios padres, donde vio sufrir a su propia hermana. Y, entre las sombras ve cuatro ojos brillando.

—Lo siento chicos, lo siento... se lo debo a mi hermanita… por todo lo que no pude hacer por ella —da la espalda y se va.


Un destello de luz me ciega en cuanto se cierra la puerta. Me… me estoy desmayando…

Despierto. La luz es muy intensa. Estoy sobre una camilla. No puedo moverme, mis brazos y piernas están sujetos con correas a la camilla. Frente a mí están unos doctores, todos ellos mirándome.

Veo a mi padre, junto a él está una enfermera con mascarilla. Se la quita. ¡Es Lilith!

—¡Papá, papá! ¡Aléjate de ella! ¡Aléjate! ¿Dónde está mi hermano? ¿Dónde lo tenéis? ¡Mi padre es el sheriff, lo averiguará!
—¡Aquí, estoy aquí!

Pero no lo veo.


El señor Williams está en la habitación de su hijo, en el manicomio Greenfield. Ve cómo su hijo está en la camilla, durmiendo a causa del tratamiento. Se le acerca una enfermera.

—Señor Williams, soy la psiquiatra Lili, soy la encargada de su hijo en este lugar.
—Creí que era enfermera, por la ropa. ¿Qué sabe de mi hijo?
—Su hijo despertará en cualquier momento. Esperamos que con este tratamiento su... enfermedad se cure. Oh, perdón por mis modales.

Se quita la mascarilla. En el momento en que lo hace el hijo del señor Williams grita:

—¡Papá, papá! ¡Aléjate de ella! ¡Aléjate! ¿Dónde está mi hermano? ¿Dónde lo tenéis? ¡Mi padre es el sheriff, lo averiguará!
Se queda un rato callado y se responde a sí mismo:
—¡Aquí, estoy aquí!
—Lo siento, parece que el electroshock no ha funcionado. Su doble personalidad sigue ahí, la llama hermano. Y todavía cree que usted es el sheriff… Lo siento señor Williams. Tendrá que autorizar la lobotomía, es lo único que todavía no hemos probado.
—Si con ello puede curarse, hagan lo que crean preciso. Mi hijo ha estado loco desde el momento en que nació…
—Disculpe señor, pero según su expediente todo esto comenzó cuando su hermana, su hija… bueno… se suicidó. Luego tuvo que soportar que su madre los abandonara a ambos por ese triste motivo, hace tan solo cuatro años… Y su hijo ya tiene dieciséis.
—Mi hijo sabía cómo ocultarlo de pequeño, su hermana lograba calmarlo y cuando ella murió ya no había nadie que lo controlara… en cuanto al incidente con su madre, eso solo empeoró las cosas. Por eso lo traje aquí, para que lo curaran.
—Hablando de su hijo ¿Sabe que siempre tiene el mismo sueño recurrente? Su doble personalidad se transforma en un hermano gemelo, a mí me transforma en su difunta hermana y en la suya, señor. Además, cada vez que se despierta cree que esto es el sueño. Oh, casi se me olvida, también habla de unos monstruos que viven en la oscuridad, los sombra, con grandes garras y ojos brillantes, capaces de adquirir aspecto humano.
—¿Monstruos en las sombras? Aquí lo único monstruoso es él, desde el instante que nació.
—Con todos mis respetos, los monstruos no nacen, señor, se hacen. Esos comentarios no ayudarán a la recuperación de su hijo. Pero, volviendo a su sueño, los detalles… el realismo del mismo hace que uno se plantee qué es real y qué es imaginario.
—No me dirá que usted cree la historia de mi hijo. ¿Acaso se ha vuelto loca?
—La locura puede, como cualquier otra enfermedad, contagiarse. Ya ni siquiera puedo distinguir si esos ojos brillantes que hay detrás de usted son reales o no, querido hermano mayor.